¿Tiene Instagram un valor útil para la fotografía?

El fenómeno de la fotografía retro se encuentra en auge. Son cada vez más los usuarios que utilizan sus smartphones para inmortalizar su vida cotidiana dándole un toque “chulo” a esas fotografías. El hecho de añadir filtros y efectos no la hace mejor fotografía, quizás más atractiva para el consumo masivo de imágenes al que nos enfrentamos día a día pero, ¿realmente podemos otorgarle un valor fotográfico a esta aplicación?

No hace falta levantar mucho la mirada para darse cuenta de que lo antiguo está de moda. La gente viste como en los años de los pantalones de campana, utiliza relojes con características ya conocidas, compramos cámaras antiguas aún sabiendo cual será su resultado, se vuelven a editar discos en vinilo… todo ello, ha salpicado a la fotografía. Instagram aprovechó esta tendencia para crear una herramienta que ha llegado a todos los rincones del mundo. TODO el mundo fotografía TODO lo que encuentra. Nos podemos encontrar desde retratos de gente hasta fotografías hechas al suelo; más de lo mismo. La única diferencia que encontramos con la misma fotografía hecha hace treinta años es… ninguna. Los filtros consiguen darle un toque romántico cambiando las tonalidades y los colores; añadiendo bordes oscuros a la fotografías y dándole aspecto envejecido a la imagen. ¿Podemos hablar de una revolución en la fotografía? No lo pienso, se trata de una moda, una moda que lleva presente ya demasiado tiempo. Nuestro interés por lo antiguo nos hace seguir prestando atención a este tipo de aplicaciones.

Un artículo reciente de “El Mundo” nos habla sobre este tema. Ángel Casaña se refiere a esta herramienta como una manera fácil de darle un toque profesional y de dar a conocer nuestra fotografía. Hasta hace relativamente poco tiempo se valoraba la fotografía purista, en la que lo importante era el momento de la toma, el acto en sí de la fotografía, añadir filtros era una manera de ocultar aquellos errores que no se habían podido solventar con nuestra cámara. Citamos las palabras de Alberto Cuéllar, fotógrafo del diario “El Mundo”: “La gente ve unos resultados muy originales con fotos, en apariencia, muy comunes. Los móviles, de origen, sacan unas fotos planas, como cualquier cámara. Sin embargo, con estas aplicaciones, los resultados sorprenden. La marca no deja de sacar nuevos filtros lo que hace que sigas investigando cuál es tu favorito”.

Numerosos fotógrafos profesionales critican duramente la actitud de difusión masiva de fotografías. Hay que aprender a usar el cuentagotas, administrar bien nuestro contenido a publicar. Esta saturación a la que estamos sometidos nos hace perder la capacidad crítica “dado que lo más importante de la actividad profesional es el control del uso de la información que generamos, y el invento sirve sólo para compartir; por tanto, descontrolas el uso” dice Jose María Conesa. El hecho de percibir Instagram como una moda, cada vez empieza a estar más en duda. Muchos son los que lo han implantado completamente en su día a día y lo visitan tan usualmente como Twitter o Facebook. Las actualizaciones son cada minuto y el contenido sigue siendo, qué menos, vistoso:  “El éxito de estas aplicaciones no sólo se basa en el aire retro de sus resultados, sino en otros aspectos, van más allá. Sus colores y contrastes también son muy originales y difíciles de conseguir, incluso para los muy hábiles con Photoshop. También creo que ayuda al aficionado a interesarse más por la fotografía. Se ven más ‘fotógrafos’ gracias a estas aplicaciones…”, contesta Cuéllar. “Desde la llegada del mundo digital a la fotografía se ha producido toda una revolución que no acaba. Todo es distinto al negativo incluso para los profesionales que nos hemos visto obligados a subirnos a esta nueva ola”.

El uso responsable de estas herramientas está en nuestras manos. Es tan importante publicar contenido original, como no saturar al usuario con nuestras actualizaciones. Tenemos que tener motivos para colgar esa fotografía en la red. Debemos transmitir algo, mandar un mensaje o querer hacer sentir algo a esa persona. No debe ser una mera rutina sino un placer. Termina Alberto Cuéllar: “El aficionado no deja de ver la fotografia como un mero pasatiempo, un juguete en el móvil. Miles de fotos, de grandes fotos, se pierden en discos duros y paginas web sin importarles nada su almacenamiento. Nadie copia una foto de un móvil. Son fotografías desechables. El profesional sigue usando sus cámaras y copiando o guardando sus trabajos de un modo más convencional. Dando a la fotografía la importancia que siempre tuvo, antes de esta repentina democratización.

Vía | Juicio a la “fotonostalgia”

Imagen portada | iandavid

Imagen entrada | ragesoss

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